La Casa de la Mangallona

La Casa de la Mangallona,por Diana D. Herbello

 

relato,casa embrujada,la mangallona,

Diana D. Herbello

Nací y me crié en Galicia, tierra que tiene misterios e historias casi en cada árbol y cada piedra. Siendo adolescente frecuentaba la zona de Coiro (Cangas do Morrazo, Pontevedra), un pueblo tranquilo, al pie del monte. Cerca de la casa que mi familia tenía por ahí para las vacaciones había otra… inquietante… de aspecto parecía nueva, pero tenía algo que, por decirlo coloquialmente, daba mal rollo.

 

Una vez, caminando por delante de ella con una amiga, supe parte de su historia. “Está embrujada”, me decía, “se ve por la galería de cristal a veces pasar una luz, como si alguien llevase un candil, y dicen que se ven luces y cosas dentro”. Poco a poco fui sabiendo que la gente del lugar le tenía tirria y miedo a esa casa. Pasarían algunos años hasta saber porqué.

casa encantada,aquelarres,

La casa de la Mangallona

 

Para empezar, la casa no era tan nueva como aparentaba. En realidad había sido casi totalmente reformada y ampliada, pero era de finales del siglo XIX. Por aquella época perteneció a un hombre de dinero llamado José Fraga, un emigrante retornado de Cuba; estaba casado y tenía una hija llamada Leonor. Esos primeros años fueron tranquilos, pero a la muerte de ambos progenitores, Leonor heredó la casa (en la década de los años 20, del siglo pasado). Y ahí comenzó  su fama… su mala fama. A la señorita Fraga se la conocía en el pueblo como A Mangallona (por su corpulencia y carácter) y pronto se valió de su libertad para cometer en la casa todo tipo de tropelías. 

 

Leonor era bastante licenciosa y aficionada a todo lo prohibido, parecía no tener mesura. Además conocía la santería por los años que habían pasado en Cuba. Los lugareños  hablan de que ella fumaba y bebía, celebraba largas fiestas, orgías, ritos de brujería y hasta sacrificios animales y humanos.  Cuando murió, no hubo herederos. La casa quedó libre, pero era tanta la manía y rechazo que los vecinos le tenían que nadie la quiso. Estaba marcada y maldita. “Casa das luces”, “Casa das bruxas” (casa de las brujas)… eran algunos de los nombres que le dieron. 

 

Permaneció en estado de abandono hasta  los años setenta, cuando su actual propietario la compró, junto con terrenos colindantes. Camilo Camaño Xestido (escultor y pintor, nacido en Coiro, el único que no le tiene miedo al inmueble) le hizo una reforma y ampliación que la han dejado prácticamente irreconocible. Construyó dos casas más en la finca y todo el conjunto lo convirtió en un museo, donde expone 3.000 obras suyas y de otros artistas.  A pesar de que ha utilizado el nombre “Casa da Mangallona” para su museo, ha intentado a lo largo de los años  desviar la atención de la parte oscura de la historia. Sí, comenta cosas sobre el pasado de la casa cuando le pregunta algún periodista, pero a él le interesa el arte y el nuevo uso que le ha dado.

 

A sus 65 años sigue siendo el único que tiene amor por la casa. Ni el tiempo ni sus esfuerzos han logrado quitar el halo de negrura a su finca. Se escribe aún hoy en día más sobre sus misterios que sobre su arte. Su leyenda fantasmal, sus luces, su alma oscura, perdurarán. 

 

Diana D. Herbello Siguela en  https://www.facebook.com/diana.d.herbello?fref=ts

Comenta con tu cuenta en Facebook

Deja un comentario