Maguadas, custodias de la feminidad sagrada.

Maguadas, custodias de la feminidad sagrada.

Maguadas.Custodias de la Femenidad Sagrada

Maguadas.Custodias de la Femenidad Sagrada






         

Maguadas, custodias de la feminidad sagrada.

         

      .La mujer tenía un papel preponderante en las comunidades nativas canarias, como dadoras de vida, transmisoras de la herencia ancestral y transformadora del equilibrio en las energías que nos rodeaban.

Por ese motivo se las consideraba sagradas y el nombre que recibían al alcanzar a los 14 años la mayoría de edad dentro de la sociedad, Chamato, nos da una idea de ello pues Chamato también recibía la deidad hechas de madera de tilo, de veinticuatro centímetros de largo y de tres muescas en uno de sus extremos, que presidía las celebraciones a la fertilidad y el símbolo de las comunidades de las maguadas (conocedoras), las mujeres sagradas del mundo de los antiguos.

NACIMIENTO PREDESTINADO

Las crónicas de los frailes que venían con los castellanos, las describieron como una suerte de monjas de clausura que precedían ciertas ceremonias. De hecho, muchos de los lugares donde se desarrollaron estas comunidades de mujeres sagradas, quedaron en la memoria colectiva con el nombre de “barranco de las monjas”, “llano de las monjas”, “punta de las monjas” o una denominación curiosa que aun da nombre a una playa al sur de Tenerife, “Playa de la viuda”.

Las comunidades de las maguadas, las sámaras (poder o conocimiento), estratégicamente ubicados en lugares sagrados dentro de cada comarca y comprendían un espacio de cuatro kilómetros cuadrados, siempre estaban custodiados por guerreros para impedir el paso a cualquier persona en los días que no estuviera permitido acudir a los mismos. Uno de estos sámaras, los llamados daxay (estrella) eran donde iban a parir las mujeres que habían quedado preñadas en la noche del error.

En estas comunidades, los niños y niñas nacidos en esta celebración estaban considerados hijos de la divinidad y por lo tanto tendrían una educación tendente a desarrollar sus vidas en las distintas castas sacerdotales; en el caso de las niñas, como futuras maguadas. Si bien es verdad que las niñas que ingresaban en estos lugares, provenía de su nacimiento sagrado, también solía ocurrir que niñas con ciertas predisposiciones dentro de los distintos auchones (clan familia) eran propuestas por la maguadas a su familia, para ser decretadas como mujeres sagradas.

Los sámaras estaban destinados para la educación de las niñas de los auchones de la comarca, cualquiera que fuera su condición social y que no formarían parte de las comunidades de mujeres sagradas. A partir de los 7 años y hasta cumplir la edad establecida para ser reconocida a los 14 años como mujer de pleno derecho en la sociedad, acudían por largas temporadas a los sámaras dentro de sus comarcas para aprender guiadas por las ancianas maguadas, conocimientos que les servirían en su vida diaria y que recibían el nombre de harimaguadas (la que aprende a conocer).

Entre estos conocimientos estaban la de las horas propicias para emprender una actividad como era la de la preparación de los alimentos, la preparación de las pieles, uso de las plantas para sanar y la utilización de las energías sutiles en intencionalidad, tanto para alimentar el fuego del hogar como para preparar la cerámica que habría de contener los alimentos de los que se nutrirían los seres queridos.

PROFESADAS PARA FEMINIDAD SAGRADA

Las Maguadas custodias de la feminidad sagrada

Las Maguadas custodias de la feminidad sagrada

En el caso de las futuras maguadas, cuando la niña cumplía los 7 años, se las reunía en grupos de 6 y eran dadas para su educación a una maguada de los distintos daxay, que las acompañaría en su aprendizaje hasta ser permitidas como maguadas al cumplir los 14 años.

Las niñas después de una ceremonia alrededor del fuego, en días señalados para ello coincidiendo con la aparición de cierta estrella, se le pintaba con almagre dos círculos rojos con un punto blanco central en ambos pómulos, que las identificaría como discípulas de la feminidad sagrada y se las vestía con un traje sin mangas de piel finamente gamuzada de color blanco que le llegaba hasta los pies igual a las maguadas consagradas.

Durante 7 años serian instruidas en los conocimientos ancestrales de sus comunidades y los distintos ritos espirituales para alejar la enfermedad, las energías del abesan (lo oscuro), atraer buenas cosechas, custodiar el ganado sagrado de donde se obtenía la leche para las ceremonias, invocar la lluvia, asistir a los ritos para los partos y del agua para el niño o niña, testimoniar la ceremonia de desfloración de las mujeres vírgenes por parte de la mujer más anciana del auchon, conocer, identificar y proyectar las distintas energias y,  por sobre todo, a cultivar su condición de mujeres sagradas manadas de la deidad de Magec (sol) en su aspecto femenino y su energía vital, la cual nunca debía descuidar, para equilibrar las energías femíneas profundas, que sus antecesoras habían dispensado a través de sus ritos en las comarcas donde habitaban.

Alcanzada su mayoría de edad, las 6 aspirantes a maguadas, eran reunidas en determinadas fuentes cercanas al daxay para dar comienzo a su consagración. Durante 6 días, comenzando con una luna menguante y terminando en el creciente, las muchachas se bañarían en un ambiente festivo en las aguas que manaban de dicha fuente presididas por un ídolo Chamato.

Con la luna creciente, las aspirantes guiadas por su educadora recibirían la diadema de flores que tendrían que recoger cada mañana y llevar hasta su muerte. A continuación, su educadora entonaría una invocación, que recordarían a la iniciada sobre las maguadas que la antecedieron y su responsabilidad con la comunidad mientras le borra los círculos de sus pómulos, untarle una mezcla de hierbas, almagre y grasa animal en su vientre para después darle el aliento de su boca que la iniciada debía aspirar como principio de la energía como maguada que debía acrecentar durante su vida.

Posteriormente serian presentadas ante la sociedad como nuevas mujeres venerables y de esta manera quedarían consagradas como maguadas.

las maguadas custodias de la feminidad sagrada

Las Maguadas

Durante toda su vida, las maguadas, vivirían en las comunidades asignadas, asistiendo las ceremonias que se producirían en sus comarcas. Su condición de sacerdotisas impedían encuentros con hombres, a excepción de las reuniones pactadas en las ceremonias a la fertilidad de la luna creciente, con varones de su misma condición espiritual y que jamás implicaría penetración vaginal.

No respetar su condición sagrada en este sentido, implicaría una sentencia a muerte, siendo emparedada viva de cara al mar y el mismo castigo para el hombre.

Aunque las maguadas también tenían la libertad de abandonar su camino consagrado e integrándose en la sociedad, perdiendo su condición venerable.

La reverencia que las sociedades nativas profesaron por las mujeres en particular y las madres en especial, fue un claro ejemplo del respeto que se sentía por aquellas que nos dieron la vida y el sustento. Las mujeres eran las únicas que podían dar el maxio (espíritu vital) y que darían el derecho a pertenecer en pleno derecho a la sociedad, cohesionaban al clan familiar y mantenían la memoria espiritual de la misma, por lo que las leyes eran estrictas con quien se atreviera a causarles daño.

Las maguadas fueron su máximo exponente en la sacralidad femenina, la misma que hoy sigue existiendo en cada mujer que reconoce y respeta su diosa interior.

Las canarias, como mujeres y madres, son el reflejo de esa herencia. Las mujeres y hombres de esta tierra, seguimos conservando nuestro origen ancestral y nuestra individualidad particular gracias a ellas… como portadoras de un legado que se pierde en las brumas del tiempo.

Como decían los antiguos:

“Todo hombre que se mire el chirgo y tenga ombligo, jamás hará daño a una mujer”

Fernado Hernández González.  Crónicas del Guirre  http://cronicasdelguirre.blogspot.com.es/

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