H.P. LOVECRAFT

El maestro del horror cósmico.
Para quien lo ignore, y para refrescarselo al que lo sepa; Howard Phillips Lovecraft, más conocido como H.P. Lovecraft (y por sus seudónimos Lewis Theobold, Humphrey Littlewit, Ward Phillips, Edward Softly), fue un escritor estadounidense nacido en la localidad de Providence, Rhode Island, un 20 de agosto de 1890, y fallecido el 15 de marzo de 1937 en el mismo lugar. Se ha erigido en uno de los mayores exponentes del género fantástico y de terror, no solo por su capacidad de sumergir a los lectores en mundos inconmensurables que se entrecruzan con este, sino por hacer asustar sin recurrir a lo sobrenatural y espiritual, sino más bien a seres de naturaleza tétrica y desconocida con amplios poderes sobre el tiempo y el espacio. Horror cósmico, en pocas palabras. Si nos ponemos a analizar sus escritos, al poco andar nos hallamos con un mundo donde lo “normal” solo parece ser una fina capa de pintura que pusieron sin saber lo que había abajo.

A la primera de cambio nos encontramos con monstruos humanos, ya sea el necrófilo de “Mis amados muertos” (vaya relato desagradable) y el clásico científico loco que cae víctima de sus creaciones; tenemos a Herbert West y sus extraños zombies salvajes y vengativos de “Reanimator”, Crawford Tillinghast de “Del otro lado” con su maquina de ver lo invisible, en “Cenizas”, Arthur Van Allister con su disolvente líquido y Charles Le Sorcier de “El alquimista” como el encargado de perpeturar una maldición contra una familia. Poco a poco, los efluvios de otros mundos empiezan a invadir los relatos. Hay que señalar que casi todo lo extraterrestre, intraterreno o sobrenatural, en resumen, casi todo lo que no pertenece al mundo humano, aparece retratado como nefasto, y que es mejor perderlo que encontrarlo (salvo en “Más allá del muro del sueño”, donde un montañés bruto y diagnosticado como psicótico es en realidad un ser de luz al mejor estilo Ashtar Seran, salvo que menos manipulador y sin ninguna secta rindiéndole culto). Hay un psicólogo en “La sombra fuera del espacio” cuyo paciente resulta ser un abducido mental cuyas visiones son recuerdos de cuando su mente estuvo en otro mundo. Buen relato, aunque resulta curioso que el paciente pueda dar las medidas de las cosas de ese mundo sin tener ninguna cosa reconocible para compararla. Una ampliación del mismo tema podría ser “El abismo en el tiempo”, salvo que quien relata tiene la oportunidad de visitar el lugar donde estuvo preso en un pasado remoto. Ya combinando a la gente común con horrores extraterrenos, a mi parecer el mejor relato de Lovecraft, “El color que cayó del cielo”, muestra un monstruo gaseoso venido en un meteorito provoca anormalidades y una masacre general en una granja. Ahí, sin nombrar a Cthulhu o a otro ser por el estilo, H.P. nos muestra los desastres que puede llegar a provocar una intervención foránea en nuestro mundo.

Ya inmersos en la mitología lovecraftiana podemos encontrar abominaciones a gusto y piacere. “La sombra sobre Inssmouth” muestra a una población que ha pactado con anfibios y poco a poco se degenera biológicamente. “El horror oculto” relata las grotescas probabilidades del incesto. “En las montañas de la locura” narra la carnicería en un campamento científico por parte de algunos seres ancestrales desenterrados, la historia en bajorrelieves de una casta de seres llamados “los antiguos” y el encuentro en las profundidades con una masa viviente y antiquísima, un soggoth. Sin embargo, es en “La llamada de Cthulhu” donde se nos presenta a la criatura más famosa de H. P. Lovecraft; en toda la narración se lo menciona, se habla de alucinaciones telepáticas que provoca para comunicarse, y es al final donde un grupo de marineros llega a una isla recién brotada, y casi sin venir a que, lo libera. El monstruo es descrito como una montaña que camina, con tentáculos que le salen de la cabeza, constitución vagamente antropomórfica, y dos alitas poco interesantes. Es la única vez donde se lo puede ver en acción, porque en el resto de la bibliografía, solo se lo menciona, sin embargo, eso ha alcanzado para que se haya constituido en un referente de la cultura popular.

Las mujeres en la obra de Lovecraft no tienen demasiado protagonismo, casi siempre son compañeras que deben ser salvadas, o directamente victimas de algun monstruo. Las que detentan poder o influencia alguna como entidades malignas, tipo la hechicera homicida de “Los sueños de la casa de la bruja”, la maligna Asenath de “El ser en el umbral” (aunque se la podría definir también como una esencia axesuada), la reina Nitocris de “El extraño”, etc. De hecho, en este momento la única que recuerdo que haya hecho algo positivo por la vida es Rhoda, la novia del protagonista de “La sombra del desván”, quién, pacífica durante todo el relato, incendia la casa donde tiene que vivir su novio para salvarlo de la posesión por parte del espíritu de su tío abuelo Uriah Garrison.

La obra de H. P. Lovecraft ha sido tan leída que una de sus creaciones, el nefasto (y ficticio) libro Necronomicon, supuesto tratado de rituales y relatos de edades oscuras, ha tomado status de leyenda urbana, y no dejan de aparecer notas y noticias sobre que los ejemplares de esa obra se encuentran en diversas bibliotecas del mundo, y no es para nada cierto. En lugares donde si puede haber aparecido es en películas, series televisivas, y relatos de otros autores, pero en la vida real, ni aunque se alineen las estrellas. Varias personas dicen “sii, existe, pero tiene otro nombre”. Veamos, si tiene otro nombre, ya no es el Necronomicon. Saltando este pequeño detalle, varios escritores siguieron el camino tendido por el escritor de Providence creando los Mitos de Cthulhu, primero, los de su círculo literario, entre los que se pueden nombrar el excelente Clark Ashton Smith, que se maneja como ninguno entre la fantasía y la ciencia ficción, sin términos medios, Robert Bloch, quien fuera más tarde el autor de “Psicosis”, y August Derleth, quien fue el sucesor oficial de Lovecraft, y segundo, por varios autores más modernos, como Stephen King, que escribió “Los misterios del gusano”, basándose en “De Vermis Mysteriis”, otro libro ficticio de los mitos de Cthulhu, y “Sé lo que necesitas”, donde al final, la protagonista descubre que su novio, que ha usado artes vudús para conquistarla, posee el ya citado Necronomicon.

Mario Luis Martin

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